CUIDA TU ENERGÍA.

Cuando comienzas a cuidar tu energía, empiezas a atraer mejores personas, empiezas a atraer mejores momentos, empiezas a sentirte mejor. Todo comienza dentro de ti. Cuando cuidas tu energía, no importa en qué ambiente te encuentres, la luz está en ti y nada te afecta.

Trabajamos nuestra energía a diario, en nuestra conducta diaria, en los sentimientos que emanamos, que producimos en nosotros mismos y en los demás, en el pensamiento, el temperamento y el carácter.

¡TÚ HACES TU ENERGÍA! Y es posible que ya hayas notado que algunas acciones tienen el poder de drenar nuestra energía mientras que otras ayudan a mantenerla alta. Refuerzas ciertos estados de ánimo repitiendo tus propios pensamientos y emociones.

Los pensamientos obsesivos y los sentimientos tóxicos consumen energía y atraen la negatividad hacia tú y tu entorno, produciendo vibraciones bajas que te afectan tu armonía.

La gratitud afecta positivamente tu frecuencia vibratoria. Adopta este hábito de dar gracias. El simple acto de dar las gracias puede aumentar tu nivel de felicidad personal.

Durante tu día, observa cuidadosamente lo que le ofreces a tu mente como alimento. Intenta escuchar música que sea buena para ti, mira y lee cosas que te brinden algún beneficio intelectual o que te ayuden a vibrar a una frecuencia más alta.

Eliminar el hábito de quejarse y hablar mal de los demás. Trate de no pensar o decir nada negativo. Pasa 24 horas sin decir nada negativo del mundo, ni de nadie, ni de ti mismo. Mira cómo cambia tu vida.

Cuida tu frecuencia vibratoria. No importa si tienes una religión o no. Tu energía es tan importante como tu salud física…
¡¡cuídala bien!!…

Cuando comienzas a cuidar tu energía, empiezas a atraer mejores personas, empiezas a atraer mejores momentos, empiezas a sentirte mejor. Todo comienza dentro de ti. Cuando cuidas tu energía, no importa en qué ambiente te encuentres, la luz está en ti y nada te afecta.

Trabajamos nuestra energía a diario, en nuestra conducta diaria, en los sentimientos que emanamos, que producimos en nosotros mismos y en los demás, en el pensamiento, el temperamento y el carácter.

Recordemos una vez más:

Somos las únicas criaturas en la superficie de la Tierra capaces de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y lo que sentimos.

Tus células están constantemente observando tus pensamientos y siendo modificados por ellos.

Un ataque de depresión arrasa tu sistema inmunológico. Sin embargo, serenarte, fortifica tremendamente.

La alegría y la actividad armoniosa te mantienen saludable y prolongan tu vida.

El recuerdo de una situación negativa o triste libera en ti las mismas hormonas y sustancias biológicas destructivas que el estrés.

Tus células están constantemente procesando todas tus experiencias y metabolizándolas de acuerdo con tus puntos de vista.

En tu cuerpo, la producción de neurotransmisores se altera, el nivel de hormonas varía, tu ciclo del sueño es interrumpido, la superficie externa de tus células se torna más viscosas y propensas a formar grumos y hasta tus lágrimas contienen trazas químicas diferentes al de las lágrimas de alegría.

Todo este perfil bioquímico será drásticamente modificado cuando encuentres tu paz, y hasta tu proceso de envejecimiento se neutralizará cada día.

Shakespeare no estaba siendo metafórico cuando a través de su personaje Próspero, dijo:
“Nosotros estamos hechos de la misma materia que los sueños”.
¿Quieres saber cómo está tu cuerpo hoy?
Entonces recuerda lo que pensaste y sentiste ayer.
¿Quieres saber cómo estará tu cuerpo mañana?
¡Observa tus pensamientos y emociones hoy!

Al abrir tu corazón y tu mente evitarás que algún cirujano lo haga por ti.

La medicina esta en ti y tú no la usas.
La enfermedad viene de ti mismo y no te das cuenta.

Recuerda, no somos lo que creemos ser, sino lo que pensamos y sentimos sin saberlo.

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